«Tú tienes la suerte de tener un amigo en Fantasía. Eso, bien lo sabe Dios, no lo tienen todos.»
Karl Konrad Koreander
Buenos días y bienvenidos a la casa de la magia inclinada, donde no se necesita apenas dinero ni fuerzas para existir. Una silla de ruedas puede llevarte hasta el baño tranquilamente. Deberíamos tener una. Hoy es el día catorce pero podría llamarse "día dos sin Negoción". Podemos hacerlo, podemos llamarlo así. ¿Lo hacemos? ¿Qué nos lo impide?
Día 2 sin Negoción - Reorganización
Buenos días y bienvenidos. Este título ya está mejor. Creo que hemos aceptado tanta jerga propia y tanta locura que seremos capaces de llevar una cuenta de días dentro de una cuenta de días aún mayor. Una metacuenta. Negoción está en otro país más lejano que el otro país en donde se encuentra Infierno. Ese punto caliente que debéis evitar. Hagáis lo que hagáis en vuestra vida no vayáis allí. A mí no me compete el resto, y menos después de envolver toda la gran gran ciudad con papel y celo, no puedo recriminaros nada. Pero si pasáis por esa autovía, a parte de llevar cambio para los peajes, no cojáis ese desvío. Cualquier otro sitio será mejor. La Casa Inclinada es mejor. La Casa Inclinada es mejor que muchísimos otros sitios de este y otros países. La Casa Inclinada es nuestro templo, pero en cierta manera también puede ser el vuestro. Aunque no estéis aquí. Sólo tenéis que respetar la inclinación como yo lo hago, creer en las historias que os cuento y tener siempre a mano vuestra wakizashi. Recordad el mensaje: "soy capaz de rajar mi propio vientre". Soy capaz de eso y mucho más y tú no me vas a joder. O probablemente sí vayas a hacerlo, pero yo voy a aguantar.
Vale, vale, ya me dejo de chorradas. Ya sé que no os importan un carajo mis reflexiones y que lo que queréis es aventura, inclinación, precariedad y locura. Venga va, antes de empezar hacedme un último favor. Sabéis que merece la pena la espera. Sólo quiero que levantéis vuestros cafés, vuestros zumos, carajillos, o lo que sea que estéis desayunando. Los que no estéis al comienzo del día, agarrad el vaso más cercano y alzarlo conmigo. No os preocupéis si hay gente mirándoos, nosotros ya estamos por encima de eso. Hagamos un brindis virtual y literario. Repetid de viva voz:
¡Precariedad y locura!
¡Precariedad y locura!
¡Precariedad y locura!
¡Salud!
Qué pasada, ¿no? Siempre había querido hacer eso. Ahora lo prometido es deuda.
El día de ayer acabó como ya suele ser costumbre. De carteles. Primero me eché una lata con el Señor Julina a la orilla de la ría. Luego le pedí que me guiará a zonas interesantes donde poder pegar. Me llevó al corazón de la gran gran ciudad y se marchó a dormir. Pegué carteles. Pegué muchos carteles, llené vallas de obra y sucursales. ¡Tape carteles de partidos políticos! Para que luego digan que no hago una labor social. Tuve a la madera encima casi toda la noche. Aunque sospecho que no les importa mi papeleo. Pero no me gusta, sé que si quieren pueden hacerme polvo. No estoy como para afrontar multas ni otras formas de opresión.
Para que comprendáis mejor este trabajo y por si alguna vez os toca. Esto es un paraíso para cualquier cartelero:
En cambio este tipo de sitios es de los que hay que evitar:
La gran gran ciudad está desierta a esas horas. Todo son grandes avenidas vacías y algún gato. Llegué a casa muy cansado. Me dolían los pies, y la boca me sabía a pegamento. Un momento, ¿alguien pensaba que uso una tijera para cortar el adhesivo? ¡Una tijera! Venga por favor, ni que fuera esto la Nasa. A estas alturas y pensando que cuento con algún tipo de medio. Pues no. Llegué a casa con la boca sabiéndome a plástico y resina. Me tumbé sobre el colchón hinchable y dormí durante horas.
¿Qué haces tío? ¡Que ya es la una! ¿Negoción? No. Jonpollón tocando en mi puerta. Ducha y el mejor café del mundo. ¿Recordáis la lata de albóndigas que puse en la repisa de la ventana de la cocina? Pues he decidido que una lata de guisantes le puede hacer compañía, para que no esté solita.
Hoy he comido un poco de pasta que me quedaba. También le he echado queso. Y un poco de curri que le he pedido a Veganón. ¿Esto ya es comer sano? Espero que sí.
¡Hay una inclinada nueva! ¡Siempre la ha habido pero no la conocíamos aún! En mi primera noche aquí me vi obligado a dormir en una habitación extraña sin permiso de su dueño. Uf, qué lejos queda eso. Que joven e inexperto era yo por aquel entonces. Bueno, el caso es que esa habitación era la de Cuevona, la cuarta inclinada.
De izquierda a derecha: Cuevona, Señor Primigenio, Veganón y Jonpollón. ¿Y quién es el Señor Primigenio? Otra sorpresa se viene. El Señor Primigenio es la persona que bautizó a La Casa Inclinada. Un antiguo inclinado relegado a satélite en la actualidad. Se queda en la cama de Negoción hasta que vuelva Negoción y el Señor Primigenio consiga regularizar su situación como inclinado oficial. La foto la he sacado en medio de un gabinete de crisis que estábamos teniendo. Que estaban teniendo, yo sólo estoy aquí cual guerrero vagabundo. Se comentaba que somos muchos en La Inclinada, que alguien había dejado una escoba bajo la almohada de Cuevona y que hay que preparar unos turnos de limpieza. No los hemos preparado. Yo andaba liado buscando trabajo por internet. No os preocupéis por ellos, la energía de la casa, o tal vez la propia casa, es demasiado poderosa como para que algo malo les pase.
A la tarde me he desplazado hasta la universidad pública de la gran gran ciudad. Adivinad que he hecho allí. Lo que mejor se me da: empapelar. He recordado mis años como universitario. Sí, fui universitario. ¿Qué? Hay muchas cosas de mí que no sabéis. Fui universitario, me corrí muchas juergas, pensaba que el mundo se acababa en el edificio de administración de la facultad. No siempre he sido un muerto de hambre. ¿Pero qué digo? Siempre he sido un muerto de hambre. Vigilad que no me las de.
Es imposible que exista un estudiante en la gran gran ciudad y no haya visto al menos uno de mis putos carteles. En serio lo digo. Imposible. Por enumerar: paradas de autobús, contenedores, fachadas de cafetería, columnas, pasillos, ventanas y por supuesto, paneles informativos. En la facultad de bellas artes he visto muchas cosas preciosas, entre ellas este mural:
Chulísimo. La verdad es que dicha facultad tenía tantos carteles que las paredes rebosaban pegamento. Mis carteles se sostenían sin ponerles celo. Mola, eh.
Tras unas horas de nuevo he acabado cansado y con sabor a pegamento. Empiezo a cogerle el gusto a ese sabor. También he reforzado algunos carteles de otras personas que se despegaban. Principalmente de estudiantes buscando piso. Ánimo, no sabéis la que se os viene encima. Y pegad mejor esos carteles, que parecéis novatos y papá cartel no va a estar siempre ahí. Es más, yo mañana termino con la movida del pega pega y no se si aceptaré más encargos de estos porque son un rollo. La necesidad decidirá.
Por la noche otra vez latas con el Señor Julina. Se nos ha unido el Señor Amanecer. Ahora que no está Negoción ya no vamos a la playa. La nueva moda es ir a beber latas. Foto.
De izquierda a derecha: Señor Amanecer y Señor Julina. Personajes míticos a estas alturas. Señor Amanecer se compromete a llevarme a hacer la compra mañana para que deje de comer mierda. Pero hoy he comido pasta con queso y curri, eso ya es comer sano, ¿sí o no?
Adivinad que he hecho después. ¿Pegar carteles? ¡No, que mañana tengo una entrevista de trabajo! Al templo a cenar. Mirad que lomos de cerdo mas hermosos.
Eh, que me estoy cuidando, que esto ya es comer sano. ¿Sí o no? Tras la cena un poquito de charla con el Señor Primigenio (es fan de Krahe), con Veganón y otro satélite, el Señor Séneca. Se han puesto una película, se han quedado dormidos y yo me he puesto a escribir. Esto es lo que he escrito:
"Buenos días y bienvenidos a la casa de la magia inclinada, donde no se necesita apenas dinero ni fuerzas para existir. Una silla de ruedas puede llevarte hasta el baño tranquilamente. Deberíamos tener una. Hoy es el día catorce pero..."
"Buenos días y bienvenidos a la casa de la magia inclinada, donde no se necesita apenas dinero ni fuerzas para existir. Una silla de ruedas puede llevarte hasta el baño tranquilamente. Deberíamos tener una. Hoy es el día catorce pero..."
¡Es una broma, chicos! Yo nunca os metería en un bucle infinito. Me marcho a la cama. Deseadme suerte para mañana y que tengáis todos un buen día.
Va, una vez más, vasos en alto. ¡Precariedad y locura! ¡Salud (e inclinación)!






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