Bien, repasemos un poquito como terminó el día de ayer. Estuve mirando ofertas de trabajo hasta las nueve y media de la tarde. En total mandé unos 50 curriculums. Recuerdo la luz de aquellas horas, como se colaba por el salón inclinado, como el parqué viejo del suelo la reflejaba, como rebotaba en las paredes color ocre. La Casa Inclinada se tiñó de tonos anaranjados. Qué bonito, ¿no? Cuando ya no había luz me dispuse a encender la lámpara del salón y he aquí otra gran curiosidad de la Casa Inclinada. ¿Veis esta lampara?
¿Mola, eh? Es una lámpara de araña del año catapúm, con unas falsas esmeraldas colgadas y unas cuerdas que no se muy bien que función cumplen. Eh, hay más. ¿Veis estos dos interruptores?
Pues cada uno de ellos enciende una bombilla de la lámpara, y sólo una. Aquí las pruebas.
Sí, se lo que muchos estaréis pensando, os molaría estar aquí y gozar con la lámpara inclinada. Tendréis que conformaros con mi testimonio.
Ayer llegó el tercer inclinado, por cierto. Yo ya tenía pensado un nombre para preservar un poco su intimidad, pero Negoción me ha insistido en que lo llame Jonpollón. Yo había pensado llamarlo simplemente Jonmolón, pero Negoción dice que Jonpollón es un pseudónimo más adecuado para él. Habrá oído historias o tendrá información de primera mano. A saber. Así que ya tenemos tres. Negoción, Veganón y Jonpollón. Veganón me ha preguntado hoy a ver como me voy a llamar yo. Pero yo no soy un inclinado, ¿no? No puedo tener un nombre molón. Somos como d'Artagnan y los tres mosqueteros. O Kikuchiyo y los samuráis. Se me va.
No todo es tan bonito. Ayer Negoción no estaba en casa y dormí en su cuarto, sí, el que estaba hecho una mierda. A ver si hoy lo limpiamos. Me gustaría entrar poquito a poco en detalles, hoy desvelo el papel pintado de la pared de Negoción que tampoco pasa inadvertido.
La cuestión. Encima de la almohada hay una ventana que da a un patio interior. Me puse a leer, ya entrada la noche, y decidí abrir dicha ventana para ventilar. Fue difícil la lectura a partir de entonces. Me llegaron los sonidos exactos de una familia cenando. Pásame el ketchup. Mañana tenemos que hacer nosequé, eres una pesada porque nosecuantos. Era como si estuvieran conmigo en la habitación. Pero lo más curioso era el olor. Me llegó un olor perfectamente reconocible. Filete. Filete de ternera, seguramente. No estoy exagerando. Era como si el filete estuviera aquí, en la inclinación, conmigo, haciéndome feliz. Yo y mi filete. Yo y mi filete juntos buscando empleo, yo y mi filete, los chicos nuevos en la ciudad. Yo y mi filete entrando a un bar. ¡Filete y compañía!, nos dice el camarero, ¿cómo va eso chicos? ¿qué va a ser? Un pacharán para filete y una cañita para mí. Yo y mi filete generando todo tipo de anécdotas. La gente siempre quiere estar con nosotros, ¡ahí vienen filete & Co! Un buen día, al fin, yo me como a mi filete y al instante me doy cuenta de que me he comido a mi mejor amigo. Lloro y disfruto al mismo tiempo. Soy un psicópata y acabo de cometer un acto atroz, pero también me siento a gusto conmigo mismo, por fin un buen filete. Se me va.
Volviendo a lo real: los sonidos de las voces se fueron amortiguando, los olores en cambio se fueron intensificando, mutando. Se hicieron más irreconocibles, de filete de ternera pasaron a huevo, después cambiaron hacia el aceite frito. Cuando fueron suficientemente desagradables decidí cerrar la ventana, dejar la lectura y tratar de dormir. Al rato volví a abrir por culpa del calor y una oleada de aire frío y maloliente me golpeó. Como describir este último olor... ¿Vinagre? ¿Vinagre y jabón? Me quedé dormido.
Hoy me he despertado con el teléfono. Era Negoción. Que saliera de la cama de una puta vez y esas cosas. Le he hecho caso. He mirado el email. Sin novedad en el frente. He mirado mi perfil de infojobs. Rechazado en algunas ofertas. ¡Estoy en el proceso de selección de dos! Qué asco me da esta página.
Ha pasado más gente por aquí, invitados y colegas de los inclinados. Apegados como yo. Todos rodando por el viejo parqué.
Ha pasado más gente por aquí, invitados y colegas de los inclinados. Apegados como yo. Todos rodando por el viejo parqué.

No hay comentarios:
Publicar un comentario