miércoles, 7 de septiembre de 2016

Día 7 - Fenix

«Venceréis, pero no convenceréis.»
Un profesor.

«Muerte a la inteligencia.»
Un enemigo.

Ei. Qué pasa. Qué tal. Cómo estamos. Qué, no tenéis nada que decir. No podéis, porque esto es un texto. Espero que nadie le esté hablando a la pantalla. Calma, calma. Sí, ya sé. Todos pensáis más o menos lo mismo pero de diferentes formas. Que a este blog le quedan dos telediarios. Que a mí me quedan dos telediarios. Que cualquier día dejaré de escribir. Que la entrada anterior a esta fue una mierda. ¿Qué queréis? Estaba más pedo que Alfredo (Señor Alfredo, perdón), y al día siguiente, hoy, tenía una entrevista de trabajo. ¿Cómo, que no habéis oído bien (leído)? QUE HOY HE TENIDO UNA ENTREVISTA DE TRABAJO. ENTREVISTA. SÍ, UNA PUTA ENTREVISTA. De hecho, he tenido dos. Ya sé que nadie creía en mí. Que todos pensabais que me iría de la gran ciudad con el rabo entre las piernas. Amigos, qué poco me conocéis. Qué poquito.

NOTA: en realidad pienso igual que vosotros.
NOTA2: qué fácil es llevar una conversación imaginándose uno lo que le responden.

Ei. Qué pasa. Qué tal. Vamos a volver a empezar esta vaina que me he vuelto un poco loco en el párrafo anterior. Tenemos mucha info. perdida sobre el día de ayer, la embriaguez de mis neuronas estuvo a punto de llevársela todita. Pero rescatamos algunas partes. Tampoco me quiero extender mucho porque hoy han pasado vainas más interesantes. Por cierto, la palabra de hoy es vaina.

«vaina
Del latín vagīna.
1. Funda ajustada para armas blancas o instrumentos cortantes o punzantes.
2. Cáscara tierna y larga en que están encerradas las semillas de algunas plantas.
»
Real Academia Española.

Sí, yo también me he fijado en lo de vagīna. Qué gracia, ¿que no?

NOTA3: la entrada de hoy se me está yendo de las manos.
NOTA4: estoy plagiando a Eduardo Mendoza con este rollo de las notas. Voy a parar ahora que me he dado cuenta de la vaina. Sí, es una palabra comodín. Pero igual es la mejor palabra comodín (o baúl) del puto mundo. Cuidado.

Lo más reseñable del día de ayer fue la visita del Señor Sol. Se desplazó desde la lejana pequeña ciudad hasta la gran gran ciudad, sólo para hacerme compañía y ayudarme con mis vainas. Para empezar arregló la luz de Negoción.


Más bien la apañó. El problema estaba en el interruptor.

 

El Señor Sol es uno de mis mejores amigos de esta vaina loca a la que llamamos vida. Lo comento para que lo conozcamos un poco mejor, que es probable que vuelva a aparecer.

También me acompañó a hacer negocios por la ciudad. Eh, que os veo venir. No estoy pasando droja ni nada de eso, eh. También yo os he incitado un poco a pensarlo, la verdad, con eso de "negocios". Venga, va, no eran negocios. Eso es lo que hacen Negoción y Jonpollón. Lo mío era simplemente uno de mis proyectos. Por el camino vimos dos cosas importantes.


Y la casa donde nació un profesor al que no vamos a defraudar.


También estuve currando con el Señor Julina, y conseguimos condensar el trabajo de varios meses en un pendrive con forma de lego.


Ah, se me olvidaba. Esa mañana Jonpollón nos hizo un desayuno increíble y decidí capturar el momento. Veganón también estaba por ahí pero ya sabéis que es rarito con la comida, el bueno de Veganón. Qué cosas tiene.


Ya está. Que le den al día de ayer. Vamos con la chicha vaineante de hoy. ¿Acabo de adjetivizar la palabra vaina?

Hoy he estado en dos entrevistas de trabajo. A la primera me habían citado gracias a Infojobs (sigo odiando esa página). La segunda me la he sacado de la manga. ¡Aquí llegan!, ¡pongámonos cómodos!


UNA ENTREVISTA EN LA GRAN GRAN CIUDAD
Un relato del ronin samurái satélite exiliado anónimo

Un amigo me contó que a él ya lo llamaron para trabajar en esa empresa hace mucho tiempo, y que el trabajo consistía en ir de casa en casa tratando de mejorar la factura del gas de la gente, haciendo que cambiaran su contrato por uno de la compañía. También me contó que el sueldo se basaba enteramente en comisiones y que por eso él rechazó la oferta en su día. Por mi parte, me hallaba en una situación desesperada que mejoró notablemente en los días venideros, pero que durante aquella mañana de septiembre tiraba de mí hacia atrás como un lastre.

La empresa estaba en un piso. Al llegar al portal me encontré con un tipo que fumaba nervioso mientras sujetaba una carpeta. Una carpeta muy similar a la mía. "Ahí dentro hay curriculums", pensé. No sé decir porque me puse a hablar con él. Quizás para calmar la ansiedad, aunque yo no estaba muy nervioso, sabía que el trabajo era malo y que un fracaso bien podía ser un favor. Quizás porque me apiadé un poco de él. Nos dimos los nombres y yo lo acompañé con otro cigarrillo. "¿Sabes de qué trata el trabajo?", le pregunté. "De comercial, ¿no?", me respondió. Le expliqué que se trataba de un trabajo para ir de puerta en puerta y que el sueldo se basaba íntegramente en comisiones. "Ah", respondió tranquilizándose pero con decepción. "Bueno, menos es nada, ¿no?". "Menos es nada", le respondí. "Esos de ahí delante estarán para lo mismo", me dijo señalando con la barbilla hacia la otra acera. Allí había dos tipos jóvenes, de menos de veinticinco años, calculé. Iban perfectamente arreglados, con polos caros, bermudas, gafas tintadas. Afeitados, buen corte de pelo, sonrientes y con una bandolera al hombro. "Esos ya están dentro", pensé.

Él subió antes que yo. Yo creí que un exceso de puntualidad podía dar mala imagen y esperé un poco más. El piso era vistoso. Tenía todo tipo de frases motivacionales por las paredes y logotipos de diferentes empresas. Pintaba mal. Me hicieron sentarme en la entrada junto con otras personas. No pude evitar recordar una escena de Los Lunes al Sol en la que a Egido se le destiñe el pelo de tanto sudar. No era mi caso. Luego comprendí que nos habían dividido en dos grupos, según el entrevistador que nos correspondía. A los del grupo que no era el mío los iban llamando con cierta ligereza. A los de mi grupo nos hacían esperar. Esperé más de media hora. De los que esperaban conmigo, algunos eran un manojo de nervios, otros estaban muy tranquilos y ojeaban las revistas que había por allí.

La entrevista fue de risa. No se requería experiencia. Se confirmaba todo lo que me había contado mi amigo. Comisiones y puertas. Entre las preguntas estaban: ¿cómo reaccionas ante la presión? ¿puedes describirte en pocas palabras? La entrevistadora habló más que yo. Estaba tratando de convencerme. La estrategia que usó para hacer más confusas sus explicaciones sobre las malas condiciones de trabajo fue usar la jerga más elevada posible, con tecnicismos y giros extraños en el habla. Parecía un político. Yo dije todo lo que había que decir y me fui.


SID EN EL BAR DE PARROQUIA
Una obra del galardonado chico con problemas que escribe este blog

(SID es un hindú bajito, flaco, de facciones suaves y pelo oscuro. Lleva una carpeta.
EGI también es hindú. Tiene como 20 años más que SID. Es bajita y de aspecto más bien rechoncho. Es guapa y está sutilmente maquillada.)

(La acción transcurre en una pequeña tasca, muy iluminada y con un ajetreo estable de clientes. Las paredes son de ladrillo, la barra de madera. Hay muchas tapas sobre la barra, un grifo de cerveza y una máquina de café en la parte de atrás. Detrás de la barra está la cocina. Se ve a una chica joven cocinando o limpiando platos.)

SID: (entra al bar sonriente y alegre) ¡Hola! ¿Eres la encargada? ¿Eres Egi?
EGI: (está hablando por teléfono. Interrumpe su conversación para hablar con SID) Sí, soy yo. Dime.
SID: Me han dicho que necesitas un camarero.
EGI: (sigue hablando por teléfono) Espera un segundo, cariño.

(EGI acaba su conversación después de unos minutos y llama a SID con el dedo para que se siente al final de la barra.)

EGI: Dime.
SID: Mira, voy a ir directo al grano. Nunca he trabajado como camarero.
EGI: (se aleja para coger un vaso y fregarlo) A no, yo necesito a alguien con experiencia, lo siento.
SID: Espera (EGI vuelve a acercarse). Hazme una prueba gratis. Lo voy a hacer genial.

(EGI sonríe mucho y ríe, pero no en tono de burla. Mira sonriente a SID durante unos instantes)

EGI: Espera un poco, ¿vale?
SID: Sin problemas.

(EGI se dedica a trabajar durante veinte minutos. Limpia mesas, sirve cervezas y cafés. Charla con los clientes llamándolos por sus nombres. Las conversaciones son cortas y en ellas EGI defiende constantemente la idea del matriarcado. SID se mantiene sentado en su taburete, con un semblante serio. Está muy tranquilo y apenas se mueve. Observa el lugar y la acción. EGI regresa a su posición detrás de la barra, frente a SID)

EGI: (suspirando) A ver cariño, ¿qué hacemos contigo?
SID: (sonriente) Ya lo he dicho. Hazme una prueba. Nunca he trabajado como camarero pero me he pasado toda la vida en los bares. Sé como servir una caña y una copa. Por lo demás, aprendo rápido. Se me da bien entender y haré todo lo que me digas. Vendré aquí a la hora y daré el clavo.
EGI: (seria) No sé, la verdad.
SID: Mira, en mi ciudad era habitual en un bar de cañas a una rupia como este. Sé como funciona este sitio.
EGI: (de nuevo sonriendo) Anda, dame tu teléfono. (SID abre su carpeta y saca un papel) Bueno, o un curriculum.
SID: He hecho muchas cosas interesantes (entregando el papel). El aspecto visual no es muy bueno pero no he tenido tiempo. He venido aquí en cuanto me he enterado.
EGI: (mira el papel con atención) Está bien, voy a hablar con mi marido y te llamo está tarde.
SID: Perfecto, estaré pegado al teléfono.

(SID se va tarareando "I´m on my way", de los Proclaimers, y de una u otra forma, su vida empieza a mejorar con todo tipo de cosas buenas.)


CONTINUAMOS LA PROGRAMACIÓN CON EL BLOG LOCO QUE ESCRIBO PARA DESPEJARME UN POCO Y ENTRETENERME
Por yo mismo en el papel de yo mismo

Qué lata de televisión mental. Hoy no echan nada interesante, parece. ¿Seguís aquí conmigo, no? No me abandonéis. Los samuráis tienen que mantenerse unidos. Aunque haya mala programación. Y recordad que un buen samurái sabe mantener la espada en su vaina (buena esa eh). A ver, qué toca ahora que se me ha ido el santo al cielo (expresión muy de señora). Ah, sí.

Esta mañana he chupado tanto sol que a la tarde he decidido no salir de La Inclinada. Mirad esto.


Eres un gorrón y chorreaste todo el rellano de basura. Pues ¡bum!, cocina limpia. Full limpia. Encimeras, vitros, vajilla, mesita con hule, suelo y hasta un poco de azulejos. Tenía tanto calor que me he puesto en gayumbos.

No haces más que sangrar a los pobres inclinados que se apiadan de ti.


¡Kabúm! Repetidor wifi para poder conectarse desde la habitación de Jonpollón y la cocina. ¡Más retos y dificultades, por favor! ¡Esto me lo fundo con mi órgano sexual! La antenita es de Jonpo, eh, que yo sigo siendo pobre. Llevaban mucho tiempo sin conseguir instalarla.

A cualquier dios, ente, energía, ley física o furcia natatoria que esté ahí. Lo de los retos no iba en serio, era para impresionar a mis lectores. No quiero más retos, por favor, quiero una buena zona de confort en la que poder pudrirme y practicar el onanismo desenfrenado.

Y poco más que contar. Jonpo se ha visto muy contento con la antenita. A Vegan le ha molao la cocina. El Señor Julina me ha hecho una visita y también le han molao mis vainas. Negoción se ha ido a un concierto a otro país y estará al caer.

¡Afectos inclinados!

¿Qué, qué pasa? ¿Seguís aquí? ¿No habéis tenido suficiente? Venga, tomad, que ya sé a por qué habéis venido todos y lo que queréis realmente.


Gracias sinceras por leerme y aguantarme. Voy a por un merecido descanso que mañana tengo mucha vaina que hacer. Un abrazo. Inclinado, claro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario