«El mundo se consume en dinero.
El dinero es dinero,
el dinero es dinero,
el dinero es dinero,
el dinero es dinero.
Aprende algo: dinero.
El mundo es dinero.
Dinero, dinero, dinero, dinero,
dinero, dinero, dinero.
¡Mis ataques colmados de dinero!
Yo soy España.
Yo amo a España.
Yo soy la monarquía española.
No hay error, no hay error, no hay error.
Y España te ataca.
No hay error, no hay error, no hay error.»
MC Dinero.
Todo samurái cargaba con dos armas, hasta donde yo se. La conocida katana y una espada de mucha menor largura. La wakizashi. El conjunto de ambas armas se denominaba daisho. La katana era un arma ofensiva. La principal misión de la wakizashi era el harakiri o seppuku. La wakizashi sólo servía para eso, para rajarse el vientre en el momento oportuno. Mi teoría es que también era un símbolo. En esencia, un símbolo que mandaba un mensaje. Soy capaz de rajar mi propio vientre. En realidad, la mejor arma del samurái no era la katana. Era la otra. El arma suicida. El arma que elimina todo límite. Por eso estoy aquí, haciendo esta movida tan rara, peleando un poquito. No, no voy a rajarme el vientre, pero se entiende. Espero.
Sí, lo sé. Queréis historias de La Casa Inclinada. Tendréis que permitirme ciertas licencias. Os diré que es un gran templo y un gran refugio. Que hay un par de carteles recortados muy grandes, de Eddie Murphy y de Makulay Culkin.
Os diré que realmente el suelo está en cuesta. Se descansa bien aunque duermas en colchoneta, sofá o colchón hinchable. Una vez, en el exterior de un templo budista me hablaron de la energía de las cosas. Me dijeron que si no quería creer puramente en el concepto, podía entenderlo como una metáfora. Podía traducirlo al buen rollo, a la calidad de las ondas sonoras, a la buena temperatura. La energía del Carrefour del primer día era horrible, por ejemplo. Es un sitio incómodo. Por eso la señora quería pasar por la fila de las cestas (hace falta leer la primera entrada para entender esto). Porque esa señora sólo actuaba en consonancia con la energía del lugar. Por eso yo la amaba, porque gozaba de la inocencia de ser una pieza más. Y por eso la odiaba al mismo tiempo, por ser partícipe del amasijo de malas sensaciones. La energía de La Casa Inclinada es realmente buena. Por eso existe este blog.
Queréis saber que ha pasado con mis quince euros. Han volado sabiamente, el problema ha sido gastarme lo anterior. Los últimos dos euros me los he gastado en esto:
Tengo experiencia comprando latas. Sé que si compras latas con muchos ingredientes, se deshacen y se apelmazan. Por eso las alubias únicamente tienen salsa de tomate. No os mentiré. Estaban asquerosas, pero me han sentado bien. Las albóndigas han sido una compra más arriesgada, pero en ese momento me moría de hambre y no podía pensar. Por cierto que he ido a un Mercadona para ver si el sitio era más tranquilo que el Carrefour. Era igual.
Me llama la atención la cantidad de locos, yonquis, costras y demás que hay en esta ciudad. Será igual en todas las ciudades grandes, imagino.
Esta mañana me he ido de excursión. Me han pagado los gastos. Fotos.
Quería enseñar el ticket de la compra de ayer pero lo he perdido.
No tengo mucho más que contar por hoy, pero hay más días. Hay un kebab debajo del salón y ya se está colando el olorcillo a carne. El kebab es a la comida lo mismo que el hachís a los porros. Mañana probamos las albóndigas. Os contaré. Necesito descansar y airearme. Mañana día sin dinero.
¡Paz e inclinación!









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