jueves, 15 de septiembre de 2016

Día 15 - Incertidumbre

«La vida es larga y el arte es un juguete.»

Antonio Machado

¡Eh! ¡Esos lectores majos, ahí! ¡Muy buenas! Qué, venís a por la intríngulis, queréis saber que pasa después, como sigue mi historia. Pues siento ser tan directo pero la situación de precariedad me ha superado y me he vuelto a mi casa, así que esto se va a tener que acabar. Vayan saliendo, todos en fila, gracias por venir. Gracias fulanito, gracias fulanita (que mal suena en femenino), gracias putito, gracias putita. Nos vemos en otro blog. Sí, descansa tu también. Ya, me habría gustado seguir pero no se podía. Venga gente, ya nos veremos por ahí. No, a mí me ingresan en una semana. Sí, al final estaba loco de verdad. Ya, menudas risas nos echamos con el tema, cuando pensábamos que todo era en plan de coña y tal. Que si cinismo, que si ironía, que si una percepción de la realidad un tanto distorsionada, que si reflexiones irrisorias sobre la sociedad... Ya, estaba bien, pero al final resultó ser un problema médico serio. Venga gente, buenas noches.

¡Já! ¡Ingenuos!

En realidad ya sé que sabíais que era una broma. Aún así he insistido. Exasperante, ¿no?

Que no me voy de aquí, ni pensarlo. Aún queda mucho que pelear. El mundo aún tiene muchas cosas que destruir dentro de mí, no le ahorremos el trabajo. Nunca me han pegado a la salida de un bar, por ejemplo. Un segundo que lo piense. No, nunca me ha pasado. Nunca me han atracado para quitarme más de... Veinte euros. Joder, qué pocas experiencias, menos mal que con La Casa Inclinada tengo para unos cuantos meses.

Me empiezo a preguntar si resulta molesto el hecho de que me alargue tanto al principio de las entradas, pero ya es tarde para eso. Y como ya sabéis, porque a estas alturas sois expertos en el código, un precepto del bushido dice: no muestres arrepentimiento. A ver, hay que saber interpretarlo. Lo que nos dice es, por una parte que nos anticipemos a los errores, una exigencia realmente desmedida. Por otra que nos saltemos la fase de culpa y vayamos directos a la de reparación. Un samurái puede reparar cualquier error. También hay una parte de estoicismo que me salto porque no me gusta. ¡Uf!, los samuráis sí que estaban en la mierda.

Vamos directos a la gaviota.


¿Habéis pensado que lo de gaviota era otra palabra comodín? Pues no, hay una gaviota patiamarilla sobre la luz roja. Ahora sí os he pillado. Si ampliáis la foto la veréis. Me ha gustado mucho encontrármela justo antes de mi entrevista de trabajo, tenía una buena pose. Le he mandado la foto al Señor Sol. La entrevista era en un gran edificio antiguo del centro. La empresa ocupaba toda una planta, era una empresa de finanzas. Las oficinas eran pulcras, de diseño modernista, no estaban recargadas con decoración. No había frases motivacionales. Aquí debe ser donde trabaja la gente de paz, he pensado. Cuando subía en el ascensor me he mirado en el espejo. Meses sin cortarme el pelo. Un mes sin afeitarme. Zapatillas deportivas para recorrer las calles. Chubasquero. Mierda, mi aspecto no es el adecuado. Shiddartha se acicaló para ir a buscar trabajo, yo parezco un vagabundo. Tanta literatura para nada.

Otro de los puntos del código nos habla de asumir la derrota. No para quedarnos de brazos cruzados, sino para que la única aspiración posible sea la victoria. Si piensas que vas a perder es más fácil arriesgar. Pero tienes que estar realmente concienciado, pensar en tu derrota, asumirla como si ya te hubiera ocurrido. Con los trabajos basura era muy fácil. Me daba igual conseguirlos o no. En cambio ahora tenía un miedo terrible a desaprovechar la oportunidad. He concentrado mis nervios en el estómago, obligándolos a reducirse, a convertirse en una pelotita cada vez más pequeña situada dentro de mi duodeno. Me han hecho pasar a una sala de reuniones seria y bien iluminada. Mis nervios ya eran minúsculos. Lo había conseguido, tranquilo como un caracol.

La entrevista ha durado cuarenta minutos. La empresa se había empollado mi curriculum y mi expediente académico. Me han hecho un montón de preguntas. Desde qué has hecho este último año de tu vida hasta cuál es tu trabajo ideal. Les he mentido un poco con esto último, no les podía decir que mi trabajo ideal es probador de Donuts. Cuando por fin he terminado y he cruzado la puerta de salida, mi bolita de nervios ha explotado y al pulsar el botón del ascensor me temblaba la mano. A partir de ahora me voy a tomar el día con calma. Me han dicho que me llamarán pronto. Incertidumbre. ¿Os imagináis a vuestro muchachote en Wall Street?

Mi siguiente tarea ha sido de chico de los cafés de peli de mafiosos. Llevar la furgoneta de una conocida marca de alcohol hasta un taller que está donde Cristo perdió el pelo. Sí, soy de esos revisionistas que piensan que El Señor Señor tenía alopecia. Pero, ¡eh! ¡Este taller de coches está relativamente cerca del lugar de trabajo del Señor Maquinita! Hagámosle una visita. Así ha sido. De paso le he llevado una conocida revista.


El Señor Maquinita y la Señora Ayala inauguran una exposición de arte el viernes. Sí, todos queremos que vaya a verla y después me ponga hasta las trancas de vino. Veremos.

Con ínfulas de hacerme millonario traídas directamente de la propaganda capitalista, y siendo víctima de los estímulos visuales que producen las máquinas de juego, le he metido otros veinte céntimos a la ruleta. Sin suerte. ¿Os imagináis meter veinte céntimos y salir con ocho? Si me pasara eso me iría muy lejos a vivir la vida loca.

Después un cigarrillo en el puerto deportivo soñando con tener un barquito. Habrá que aplicarse más a la ruleta.


Tras dejar la furgoneta de una conocida marca de alcohol me he dado cuenta de que eran las tres, no había comido y estaba lejísimos de La Inclinada. Parada técnica.


Esto ya es comer sano, ¿no? Después de este caprichito me he percatado de que tenía tres euros menos y de que ese es el presupuesto para comida de un solo día. Habrá que aguantar mínimo hasta la cena.

¿Recordáis que el Señor Amanecer se comprometió a llevarme a hacer la compra? Pues lo ha hecho. Y lo ha hecho muy bien. Mirad.


¡Comida para cuatro o cinco días por doce pavos! Y no contento con eso también me ha hecho la cena. ¿Que si no me da vergüenza que mis amigos se tomen tantas molestias por mí? Pues sí, sí que me la da.

 

Ah, y Veganón me ha hecho una infusión de hierbas para relajar. Es lo más sano que te he visto comer nunca, me ha dicho. Estaba todo tan bueno que os juro que me han entrado ganas de llorar mientras comía. Esto es cierto, eh. Se me querían saltar las lagrimillas pero las he metido en una bolita dentro de mi duodeno.

Señor Amanecer, si me estás leyendo, gracias.

Por la noche latas. ¡Con la Señora Ayala! Y Veganón, Sr. Maquinita, Sr. Julina, Sr. Amanecer. Todo el mundo de latas. ¿Cómo? ¿Que si no he echado en falta a alguien? ¿A quien? No faltaba nadie. Bueno, Jonpollón y algún otro satélite más. ¿Negoqué? ¿Negociqué? Ni idea.

Señora Ayala y Veganón:


Acaba de llegar Jonpollón de currar. Que se lo han llevado de jujaneo tras el curro. A garitos heavys, dice. Como echo de menos los garitos.

Pues nada. Hoy estamos bastantes satélites durmiendo en La Casa Inclinada. Voy a intentar no hacer ruido al irme a dormir. La paz de este lugar es sagrada. Mañana tengo que pegar muchos carteles que hoy no he pegado. He desarrollado una habilidad innata para detectar vallas de obra a tres calles de distancia.

Va, antes de irme un par de cosillas más que me hace ilusión contar.

Cosilla número uno: hay una valla de obra cerca de la inclinada. El primer día pegué dos carteles ahí y a la mañana siguiente no estaban. Los obreros habían limpiado toda la valla. Hace dos noches volví listo para mi venganza. Puse un cartel y lo repasé con muchísimo adhesivo. Prácticamente lo plastifiqué. ¡Hoy seguía ahí! ¡Já! No se juega con Papá Cartel.

Cosilla número dos: he visto a un grupo que me gusta tocando en la calle. Mucha ilusión. Adiós cincuenta céntimos.


Cosilla número tres: (¿pero no eran sólo dos cosillas? ¿desde cuándo sigo mis propias normas?) he encontrado una chocolatina de hace días en mi mochila. Felicidad.

 

Se había deshecho y el chocolate era puré. Pero, eh, una chocolatina es una chocolatina. Y una cama es una cama. Y el real real mundo es el real real mundo. Y yo me voy a dormir, y vosotros a pasar el resto del día con dignidad y dedicación. ¡Que no me entere! ¡Un abrazo bien recto, digo, inclinado! ¡Inclinadísimo!

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