viernes, 2 de septiembre de 2016

Día 3 - Satélites

Ya estamos en el tercer día y aquí viene la tercera dosis de La Casa Inclinada. Voy a empezar por mis impresiones mañaneras y después repasamos un poquito el día de ayer. Qué más da ir de alante a atrás, total, vivo en una casa en cuesta. Ayer pasaron cosas muy interesantes pero luego iremos a ello.

La mañana ha sido difícil. El café estaba hecho. Gracias Jonpollón. No había papel de culo en el baño. He buscado por ahí y al final he usado el papel de cocina de Negoción. Gracias Negoción. Me he dado una ducha pero mi toalla está en otra ciudad. Gracias Negoción. Luego veremos como ha hecho mi toalla para irse tan lejos. Douglas Adams me mataría. Me he secado de forma natural. Esperando. No quería violar ninguna toalla de los inclinados. Después me he pasado media hora buscando un mechero por toda la casa. Al final he optado por el viejo truco del tostador. ¡Ya estamos en ese punto de confianza! O no. He abierto mi cartera y he consultado mis fondos. Quince euros. Hasta el lunes no hay más dinero y Negoción se ha marchado para dos días. El superviviente tendrá que sobrevivir. Ahora me estoy comiendo una magdalena del Carrefour. Una bolsa grande de magdalenas valía un pavo. Me puedo comprar quince bolsas. Es coña. O no. ¿Cómo se administran quince euros a lo largo de tres días? Mi instinto me dice que no los toque. Hay un chino aquí cerca que tiene arroz por 3.30. Me podría comprar cuatro. Hoy me haré una tortilla francesa porque sólo tengo queso y huevos.

Hay un asunto muy importante que tengo que afrontar, y es el tema de los satélites. ¿Qué es un satélite? Es una persona relacionada con la casa pero que no es oficialmente de la casa. Como comprenderéis, aquí hay muchos satélites. Yo, por ejemplo. Aunque me gustaba más la idea de ser d'Artagnan o Kikuchiyo, pero seamos sinceros, no soy más que un puto y asqueroso satélite. Aquí tenemos tres inclinados oficiales a los que hemos decidido llamar con nombres molones. El bueno de Negoción, el carismático Jonpollón y el sanote de Veganón. Lo que vamos a hacer con los satélites es darles nombres más fríos y distantes. Hablaremos del Señor Amanecer, del Señor Julina, del Señor Gafas, etcétera. Y así amigos es como se instaura un sistema de castas. ¡Qué ilusión!

Ahora que ya está todo aclarado, vamos a lo importante. ¿Qué hiciste ayer, exiliado anónimo? Pues un poquito antes de comer recibí un mensaje del Señor Amanecer. Que tenía que comer bien, me decía, que nada de mierda. Que venía a La Casa Inclinada para asegurarse. Así ocurrió. También vinieron Negoción y Jonpollón.


Una comida riquísima, Negoción es un gran cocinero. Y después lo hice. Ordené y limpié su cuarto. Hice incluso una colada. Lo cual me recuerda que tengo que tender. Luego lo haré. No, no busqué curro pero mirad que maravilla.



¡Incluso inflé mi colchón! ¡Ya tengo catre oficial! Pero señor satélite anónimo, ¿no decías tú que había que respetar el status quo de las cosas? ¿Que había que comprender y no alterar la energía de cada templo? Primero. Toda doctrina tiene sus límites. Segundo. Conservé un calcetín colgado de un palo. Ya estaba así.


Un calcetín de una conocida marca de alcohol que nos habla de tiempos pasados, de ropa tirada por el suelo, de malos olores. Una reliquia. Un espíritu que se conserva. En palabras de mi anfitrión: el cuarto está recogido para que quepa tu colchón, si no fuera por eso seguiría hecho una mierda y a mí me importaría un cojón. Ese es el espíritu, tatico. Eres un agente del caos.

Ha llegado Veganón y me ha dicho que a él también le molestan las voces de los vecinos. Aprovecho para hacer otro viaje al tostador. Sigo.

La Casa Inclinada esta llena de objetos raros. ¿Qué me decís de esta réplica de La Gioconda?


Cutre y maravillosa al mismo tiempo. Está en el segundo salón.

Al atardecer Negoción nos llevó a la playa a mí y a dos satélites catalanes. Es una de sus costumbres. Se lo monta bien. Nos bañamos en pelotas y saqué algunas fotos.

 


A la vuelta de la playa mi toalla se quedó en el coche de Negoción y por eso está en otra ciudad. ¡Adiós toalla! ¡Vuelve pronto!

Por la noche fuimos al bar de Jonpollón. Me fui de mi ciudad para huir de los bares. Ahora vivo con el dueño de uno. Lo noto en su mirada. Me dice: ven a mi bar y alcoholízate. Me dice: birrauneuro los jueves. Me dice: ven con Negoción y tomad esa conocida marca de alcohol. La mirada de un hostelero. Todos sabemos leerla. Al final nos juntamos en el bar todos los inclinados y los satélites. Jonpollón nos dejó pinchar un rato. Yo pinché un par de canciones. The Clash estuvo bien. Ray Charles fue algo más típico. Me vine arriba con los Gipsy Kings y salí de la mesa de DJ. El Señor Amanecer lo hizo mejor.

 

Para terminar vamos con la historia del polo. Resumiendo: Veganón, a pesar de ser vegano, trabaja en un Burger para poder comprar una tela muy grande con la que quiere hacer arte. Perdió su polo de trabajo, le dieron otro, yo encontré el viejo en las escaleras de bajada y me lo regaló. No tengo trabajo pero tengo un polo del Burger King. ¿Victoria o tragedia?


Voy a ver si hago algo de provecho. Saludos torcidos para todos.

¡Corre, plátano!

1 comentario:

  1. Este es el tercer intento que hago de comentar para reclamar la mi muy probable propiedad sobre esa toalla

    ResponderEliminar