Quiero aclarar unos temas antes de seguir con el día ocho en La Casa Inclinada.
El primero es una reiteración sobre el hecho de que tengo muchísimo sueño y estoy llevando a cabo una lucha tremenda mientras escribo esto. Valórese.
El segundo es que tenéis que ser conscientes de un hecho. Los textos de este blog dependen enteramente de mi estado anímico, el cual es voluble. Igual de voluble que el de cualquier persona, quizás un poco más debido a mi situación de desempleo e incertidumbre. El problema es que me he propuesto escribir todos los días, lo cual a veces me lleva a escribir en momentos inadecuados porque de lo contrario no tendría tiempo.
Me gustaría contaros más cosas acerca de este blog, pero bueno, no estáis aquí para eso. Me encantaría aprovechar que estáis aquí para rallaros la cabeza con mil historias mías, mil pensamientos, reflexiones y teorías. Sinceramente, sería abusar de vosotros. Vamos a lo que vamos: un tío anónimo buscando trabajo en una gran gran ciudad de un fantástico país, bien gestionadito, con sus ciudadanitos, todos juntitos, con su sistemita. Ese es el punto.
Para cualquier queja sobre lo que viene a continuación, léase la segunda frase de hoy.
Me he levantado a una hora decente, desayuno, esas cosas. Ayer tuve dos entrevistas de trabajo, ¿recordáis? En la primera fui seleccionado. El trabajo consistía en vender gas natural por las casas dependiendo todo el sueldo de comisiones. Os voy a contar como funcionaban dichas comisiones. Te daban 400 euros cada vez que sumabas 30 contratos cerrados. ¿Que tenías 29 contratos? Cero euros. ¿Que tenías 30 contratos? Cuatrocientos euros. ¿Que tenías 50? Cuatrocientos euros. La cifra solo ascendía al volver a sumar 30 contratos, es decir, al llegar a 60. Por supuesto que el hecho de conseguir 30 contratos ya me parecía la hazaña del siglo. Si no llegabas a 60 en un mes, a la calle.
Bien, hoy me iban a dar una formación, según la mujer que me entrevistó. Con un power point, tomar notas, etc. He llegado al sitio y la recepcionista me ha pedido que me sentara a esperar, que en breve salía el equipo. Me he sentado pensando que algo no iba bien, pero sin saber exactamente qué. Luego, en casa, pensándolo fríamente me he dicho: ¿no iba a ser una formación? ¿A dónde me querían llevar? Seguramente lo que querían era ponerme a trabaja y probarme, y yo sin haber vendido un contrato de gas en mi vida. Al sentarme he pensado que para la basura de curro en la que estaba, bien podía coger sencillamente la puerta y salir. Me han tenido veinte minutos esperando y cuando la recepcionista se ha ido a mear, me he levantado muy tranquilo y me he largado. No quería perder ni un segundo más con esa gente que ya había empezado a manipularme y a mentirme.
Una vez en la calle he sentido que todavía tenía a esos explotadores detrás, pisándome los talones. Me pregunto que habrán pensado al notar que me había largado. Supongo que en el fondo las personas con cierto cargo dentro de esa empresa me habrán tenido por alguien inteligente. Hoy, al irse a dormir, se dirán a sí mismos "yo habría actuado igual". Sólo hasta que me he alejado unas cuantas calles me he sentido totalmente libre de ellos.
¿Por qué no somos plenamente conscientes de que estos trabajos existen? Todos sabemos que hay mucha mierda por ahí, pero, al menos yo, no sabía que había trabajos tan crueles y grotescos. Y eso que no he visto nada. En mi opinión, el hecho de que desconozcamos hasta tal punto esta clase de realidades se debe a que las principales víctimas son débiles y con poco poder de difusión. Un grito por todos ellos.
La segunda "entrevista" fue en un bar. Si es que fue tal cosa, quizás simplemente fue una buena opción de curro. La dueña me dijo que me llamaría pero no me llamó, ni me ha llamado hoy, así que me he plantado allí, y ella, sin mirarme a los ojos, me ha dicho que su marido no le deja contratar a nadie sin experiencia. Mi espíritu estaba inquebrantable después de haber huido de los esclavistas así que le he contestado: pues ponme una caña. Y me ha puesto una caña que ha subido un euro de un día para otro. Ayer valía 1 (martes), hoy vale 2 (miércoles). Y me he tomado mi caña estoicamente y he pagado mis dos dignísimos euros mirándola a los ojos. El día anterior le caí bien. Hoy no era bienvenido. No la culpo.
Después, una conversación telefónica con mi madre para contarle como los del banco me han quitado cincuenta euros por un plan ahorro que han decidido activar porque sí. La conversación se ha alargado y le he contado como iba el día. Al salir del bar se me ha acercado una chica majísima. Que había oído la conversación, que había estado mucho tiempo en mi misma situación. Nos hemos sentado en una mesa y me ha estado hablando veinte minutos, dándome consejos y recomendándome aplicaciones para buscar empleo. Se llamaba Señora Luna y le estoy muy agradecido. Sé cuando tengo delante a un seguidor del bushido.
He bombardeado con curriculums una calle entera de bares de tapas, poniendo un poco en práctica los consejos de la Señora Luna. Incluso me he metido a una colchonería y le he contado al encargado una historia muy rara sobre un padre colchonero a punto de jubilarse y muy cansado, una casa inclinada por la que ruedan naranjas y latas de albóndigas. Un momento, eso no lo he contado.
Me han llamado para trabajar en una ONG, captando socios. Tiene sueldo base con comisiones aparte. El sueldo es de lo mejor que se ve por ahí en trabajos parecidos. El viernes tengo una prueba. La entrevista telefónica me la he comido con patatas. Lo he hecho muy bien y he dicho lo que tenía que decir. Que soy sociable, que tengo labia y chorradas así. Ridículo. Estas cosas me recuerdan a cuando en el cole te mandaban hacer una redacción sobre ti mismo. Tengo muchos amigos y amigas. Me gusta salir al parque y comer albóndigas de lata. Soy muy creativo y pinto con plastidecors. ¿Por qué a las empresas les gusta oír eso? He vuelto a la colchonería y le he dicho al colchonero: olvídalo todo, ya tengo trabajo.
Bueno, que ha habido muchos curriculums, muchas conversaciones, muchas empresas, de lo mío, de lo no mío, etc.
Me estoy durmiendo, se me cierran los ojos. Ayudadme. Escribo en este blog porque un psicópata me ha secuestrado y me obliga a hacerlo todos los días...
Jeje, es broma, tranquilos.
No es broma, llamad a la policía. ¿Os imagináis que fuera cierto? Pues es cierto, ayuda.
Qué mas ha pasado hoy, va.
Hoy no ha pasado nada. Negoción es un psicópata y me obliga a escribir porque le pone.
Al fin me he comido las albóndigas enlatadas.
Ojalá a Jonpo y a Vegan no les da por quitarla. Negoción no lo hará.
Después de comer le he preguntado a Veganón si no le gustaría algún día comer algo bueno y rico. Me ha dicho que él está muy contento con sus verduritas. Sí, ha usado la palabra verduritas. Y que cree que tengo un criterio horrible para elegir mi comida. Estoy de acuerdo. Lectores, podéis asesorarme para que no muera por la ingesta de químicos, metales pesados y cacas de rata. Las ratas cagan encima de las latas en los almacenes, ¿no lo sabíais? Por eso puedes pillar la rabia bebiendo Cocacola. Tranquilos, me he bebido miles de latas y no me pasa nada.
¿O sí?
El banner nuevo lo ha hecho el Señor Julina, a cambio tengo que hacer unas cosas. Pal futuro.
Demasiado sueño: antender emails por la tarde, ayudar a Jonpollón y Veganón con una caja de una conocida marca de alcohol, ir a un concierto a la pija y turística ciudad cortesía de Negoción, cenar un kebab durum solo carne ternera, volver concierto, Negoción creer que mañana yo merecer no madrugar, calzoncillar en la habitación de Negoción, Negoción leer "Follar", yo escribir. Yo dormir.
Futuro: yo pegar carteles para Jonpollón, yo trabajar el sábado y el domingo para Negoción. Yo dormir. Yo abrazar, yo inclinar. Dormir. Dormir. Dormir.
«El mundo se consume en dormir.
El mundo es dormir,
el mundo es dormir,
el dormir es el dormir,
el dormir es el vivir,
Aprende algo: dormir.
El mundo es dormir.
Dormir, dormir, dormir, dormir,
dormir, dormir, dormir.
¡Mis ataques colmados de somníferos!
Yo soy Morfeo.
Yo amo la gomaspuma.
Yo soy como Ikea pero con camas buenas.
No hay error, no hay error, no hay error.
Y el despertador te ataca.
No hay error, no hay error, no hay error.»
Yo versionando a MC Dinero.
«ZZZZZZZZZZZZZZZZZZ»
Yo durmiendo.







Haz el favor de limpiar esa puta lata si pretendes quedártela
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